V CARTA A TERESA,
Maria Urgoitia, más conocida en Niebla por “la marquesita”, despachaba animadamente en elocuente conversación con Isabel Arístides, de sobrenombre para todos como “la activista”. Desde dentro del mostrador las observaba Demetrio ,que dejaba caer un cigarro encendido entre sus dedos y entre calada y calada emanaba un tufo de humo blanquecino que envolvía el escaso espacio del salón.
Que Franco ha convocado un pleno el 23 F a las cinco de la tarde, en conmemoración de lo que fue y no pudo ser ¿, -pues no me lo creo Isabel.
-No mujer, que Franco no es quien ha convocado un pleno, Franco ya está muerto.
-Ya lo sé, estúpida.
-Bueno, pues quien tu sabes. Creo que ha sido una inoportunidad, desde el punto de vista político, claro está. Y todo para debatir un“convenio urbanístico”
-Vamos a ver Maruja; -tú sabes donde está “los majalitos”.
-Ay, sí tonta, en el desierto del … kalahari.
-No precisamente, pero se parece un poco, sobre todo cuando empiece el mes de junio, y el termómetro marque los 60º C y sin una sombra donde cobijarse entre aquellas onduladas colinas que terminan en el arroyo “del duende”.
Ya sé, entre Valpajoso y La Peñuela, si, ya recuerdo, por aquellos parajes, una vez fuimos cuando apenas era yo una niña, en un Ford de pedales que tenia Domínguez, que por aquel entonces era alcalde y nos llevó junto con mi padre hasta “las Arenas”, donde Domínguez , que era un romántico soñador, quería implantar su pequeña Holanda, a base de cultivos tropicales. Recuerdo que un ingeniero de la forestal ,que era tambien muy amigo de Franco, le trajo de las marismas de Almonte unos plantones de guayules para sacar caucho y montar después en Niebla una fábrica de neumáticos, como la Michelín, pero más pequeñita, ¿verdad?
¡ Que tiempos aquellos Isabel querida!. La marquesita suspiró profundamente y dio un sorbo al anisete mientras se hacia recostar en la silla de eneas del salón de Demetrio Sanjuán, quien ya había consumido su Winston y se preparaba un chute de frenadol para sus dolores de espalda.
Bueno, y que dice ese convenio dichoso ¿
- Pues mira por donde, y por arte de birli-borloque, le van a conceder a un marajá 200.000 metros cuadrados de techo que son veinte hectáreas nada más y nada menos.
- ¿Isa, por favor, explicame que son 200.000 metros cuadrado de techo, pues yo de eso no entiendo, solo sé que cuando chica en la escuela, nos explicaban que un poco antes de que llegaran los Reyes Católicos, una ardilla podía ir de árbol en árbol , desde La Coruña hasta Gibraltar, y el otro día escuché en la radio, que como todos los pueblos sigan haciendo convenios urbanísticos, los gatos pueden hacer el mismo trayecto de tejado en tejado.
- Es eso lo de los techos que dices tu . No, lo del coeficientes para determinar los metros cuadrados de techo, es otra cosa, que ahora te explicaré.
- ¡Ay Isabel, yo me acuerdo mucho de Franco!. Sobre todo, de aquellos dias del alzamiento nacional, como las tropas a cargo del general don José Millán Astray, entraron marcial y triunfantes en Niebla, aquella linda tarde en que conocí por primera vez a mi Pepe.Recuerdo, la brillantez del discurso de aquel varón descamisado, con los brazos tatuados, en el centro de esta misma plaza, rodeados de soldados y paisanos. El suelo de la plaza de Santa María, templo cuando aquel legionario con la mano en el cinto y su ojo de pirata gritó en respuesta al cursi de Unamuno, para su célebre frase: vencereis pero no convencereis ¡ muera la inteligencia ¡
Que barbaridad Maruja, que barbaridad ¡, que se podia esperar de un Millán Astray.
Cállate, izquierdosa y achucha esto: Estaba la plaza de bote en bote, el cura había leído antes el evangelio-. Escogió la parábola del trigo y la cizaña, todo el mundo aplaudió cuando terminó, y a esto el general en su arenga. El cabo y tres guardias civiles más firmes que un cirio, los monaguillos se pasaron con el incienso de tal forma que el boticario se tuvo que apartar con un pañuelo en la boca para evitar toser e interrumpìr el discurso. Pero de pronto, Millán Astray, dejo de hablar y mirando fijamente a un tal Montilla, que era Jefe de la estación de Las Mallas, le espetó como si su voz fuera un trueno; - de que se ríe ese memo - y señalándolo con ira, luego sacó la lugger para darle allí mismo un tiro.
El tumulto retrocedió, una mujer dio un grito desgarrador que exhalo toda la plaza, y creo que la campana gorda esta rajada desde entonces, Domínguez, que era muy propio para estas ocasiones medio de rodillas, como quien va a dar un pase de pecho, inclinándose a la vez y en ademanes de súplicas inminentes dijo: don José, por Dios, que va usted a hacer , nuestro paisano a quien dice que se está riendo de vuecencia, no es así , pues es fiel patriota que de niño tiene esta cara y parece como si se estuviera riendo bobamente, perdonelo mi general, don José piedad.
El lejia, enfundo la pistola, y secándole el sudor su asistente , exclamo. – menos mal, hombre, podías habérmelo dicho antes.. Y como se llama el memo este ¿. Montilla, Montilla, don José un hombre muy bueno y .- Basta que lo hagan alcalde.
Y así, de esta manera el modesto factor de circulacion , empezó a subir los peldaños del Ayuntamiento.
Don Raimundo, nos contaba estas cosas, en aquellas tardes de primavera, cuando junto a sus hijos, íbamos a coger cohollos para luego fabricar las palmas de hacer empleita. “Los bermejales”eran tierras de una variedad exuberante. |